¿Qué podemos hacer para recuperar el buen sueño?

Dr. Luis Ernesto González Sánchez
Neurologo-Neurofisiologo-Internista

La formación del sueño en los humanos ha tardado millones de años en desarrollarse sin embargo, recientemente nuestros hábitos están deteriorando rápidamente el proceso, a tal grado que los trastornos del sueño se han vuelto una epidemia.  El problema es tan grande que a nivel mundial se gastan unos 100 billones de dólares en el tratamiento de los padecimientos del sueño y los problemas asociados como la depresión y la ansiedad.

El diagnóstico correcto de los problemas del sueño es esencial para la intervención terapéutica adecuada y eso puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.
Las técnicas de higiene de sueño son herramientas poderosas en la prevención de insomnio crónico y sus consecuencias. Esto hace que la educación del sueño sea muy importante.
Aunque el sueño es un estado cerebral cotidiano, la comprensión de cómo se genera el sueño es necesaria para la preservación de un sueño normal.

Mientras más conocen las personas los mecanismo relacionados con el inicio y la continuidad del sueño, más respetarán las reglas que existen para alcanzar el buen dormir.

Mecanismos implicados en el buen dormir
Se sabe que en el cerebro existen importantes micro moléculas conocidas como neurotransmisores, entre las que sobresale la adrenalina o neurotransmisor del estrés y la melatonina, la encargada de dictaminar al cerebro en qué momento se debe iniciar el sueño. Estas macromoléculas son importantes para lograr el equilibrio de dormir bien.

¿Pero de qué depende la capacidad de tener un sueño de calidad?
Para conocer la respuesta es necesario comprender que es el dormir bien.

Primero debemos entender que el cerebro tiene un orden para que se genere un sueño satisfactorio, sin embargo, nuestras propias conductas están afectando el delicado engranaje de los diferentes componentes del sueño.Esto se puede explicar de la siguiente manera:
Existen dos procesos que se interrelacionan entre sí. El proceso de la propia carga del sueño que se genera dentro del cerebro al cual llamaremos proceso “S” y otro, el proceso “C” que no está relacionado con nuestro cerebro, sino con el ciclo luz y oscuridad, o el día y la noche debido a la rotación de la tierra.
Ambos procesos “S” y “C”, están enlazados por medio de la melatonina que actúa como un marcador de los diferentes componentes del fenómeno “S” o el sueño cerebral.
Cuando uno se despierta por la mañana, entra al estado de vigilia que tiene una duración de 12 a 18 horas. El cerebro comienza a producir sueño cerebral o proceso “S”, a partir de las 10 am. Para evitar dormirnos durante el día utilizamos sustancias como café o sustancias energizantes. Cuando comienza a desaparecer la luz del sol, el cerebro inicia el fenómeno conocido como “pulso de malatomina” por la extinción de la luz.
Para que se produzca la segunda fase del sueño, o ciclo “C”, la cual es automática, tiene que respetarse la oscuridad de las 7 PM en adelante.

La fase automática del sueño comienza a partir de las 10 PM. Es como un robot que obedece las indicaciones del sueño cerebral, la melatonina, y la fase oscura del ciclo día-noche.

Entonces el sueño se pierde al existir mucho interés en estar despiertos después de las 7 pm  debido al exceso de trabajo. Solo una de cada siete personas logra soportar trabajar en la noche después de las 7 pm y además dormir bien. Seis de cada siete personas tendrán insomnio por continuar trabajando después de la hora “natural”. Esas señales compiten con el sueño automático y son más poderosas cuando ocurren después de las 10 pm, bloqueando la función robotizada del sueño.
A esto con el tiempo se agrega la ansiedad por no dormir que bloquea de forma aún más acentuada el robot del sueño de tal forma que el sueño hace lo opuesto a lo que queremos. Si deseamos dormir, nos mantenemos despiertos y si queremos estar despiertos, nos dará sueño.
Esto hace que, aunque hayamos estado durmiendo en un sillón, al ver la cama se nos vaya el sueño, precisamente cuando estamos dispuestos a dormir.

Las personas que se angustian por no dormir en la noche provocan una señal que el cerebro lo interpreta como “trabajo” y cada noche, a la misma hora, el cerebro programa a la persona para que se despierte y se preocupe por no dormir.
Es como si el cerebro interpreta la cama como el lugar de trabajo, al preocuparse por no poder conciliar el sueño. La acumulación de sustancias químicas (café, té, etc.) que tomamos durante el día nos afecta para conciliar el sueño.
El exceso de luz después de las 7 PM en forma de destellos luminosos de las lámparas, la televisión, las computadoras, incluso de las pantallas de los teléfonos celulares, afectan el sueño.

Si reducimos estos aspectos seguro que dormiremos mejor.

 

Dr. Luis Ernesto González Sánchez

2263-6398

Instituto de Neurociencias del Hospital de Diagnóstico de El Salvador.

 

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